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Europa / Portugal
 
 
RUTA TURÍSTICA SOBRE RAÍLES

Tranvía 28: De colina a colina por los barrios más representativos de Lisboa

Saliendo del barrio de Graça y terminando en el Barrio Alto. Serpenteando por La Alfama y cruzando la Baixa esta línea de ha tranvía se ha convertido en un atractivo turístico de la capital portuguesa.
 

Lisboa no se concibe sin su tranvía. Más de 100 años de historia desde que en 1901 se instalaran los primeros y míticos vagones amarillos que hoy siguen recorriendo las empinadas cuestas y estrechas calles de la ciudad. Transporte necesario para el desarrollo de una capital que se encarama en la escarpada riviera de la desembocadura del Tajo, y que se ha convertido en símbolo turístico y emblema del romanticismo que desprenden sus rincones.

La línea 28 es la más famosa, y la más simbólica a nivel turístico. Mantiene sus antiguos coches amarillos con detalles cromados y paneles y ventanas de madera. Un vehículo con cierto aire bohemio que llama más a disfrutar de su viaje que a transportar al visitante. Su recorrido es un escaparate de algunos de los lugares más característicos e históricos de la ciudad lisboeta.

Comenzando desde lo alto, frente a la Basílica da Estrela y su cúpula estilo rococó, para finalizar 45 minutos después en la colina de enfrente, en Martín Moniz, junto a la iglesia de Graça y coronando el barrio más mítico de la ciudad: La Alfama.


Descenso hacia La Baixa


Su traqueteo se inicia pasando por el jardín da Estrela, que frente al templo del mismo nombre sirve con sus imponentes palmeras de punto de partida hacia una rápida bajada rumbo a las calles de la zona baja. Siempre con el azul del río Tajo como horizonte. El descenso se interrumpe en el punto que separa el Barrio Alto de La Baixa: la plaza de Luís Camões. Un símbolo fundamental para entender la historia de Portugal, pues fue uno de los emplazamientos claves durante la revolución de los claveles que instauró de nuevo la democracia en el país en 1974.

Por La Baixa, la parte baja entre las dos laderas que son el Barrio Alto y La Alfama, se pasea entre el trajinar y el ir y venir de la gente. Es uno de los puntos de bajada y subida de viajeros, ya que esta zona es el cruce de caminos entre todos los puntos turísticos de Lisboa. Desde la plaza del comercio hasta la plaza del Rossio, con la silueta de los dos barrios elevados guardando su flanco.


La Alfama y la Catedral


Pasado este punto comienza su recorrido más mítico, la subida a La Alfama, por donde pasa por calles en las que únicamente cabe el pequeño carromato que es el vagón. Circulando frente a la imponente Catedral de Lisboa, que con su fachada recuerda a la parisina Notre Dame, y continuando en una ruta plagada de templos. Paradas fundamentales son Sao Vicente da Fora, desde donde llegar en unos pocos pasos al imponente Panteón Nacional, y donde contemplar una impresionante vista elevada de los sinuosos callejones que forman el barrio.

Llegados a este punto poco queda para que el maquinista anuncie el fin del recorrido. Un último ascenso hasta la iglesia de Graça, donde se termina o comienza el viaje, según se elija. Atrás habrá quedado una amplia visión de la ciudad, pasando de los claustrofóbicos callejones a las infinitas visitas de los miradores que pasan rápidamente ante sus ventanillas.


45 minutos fugaces pintados del amarillo los que cubre el tranvía 28, con sus característicos faros circulares y muchos años de historia sobre sus raíles. Lisboa ha sabido convertir en un símbolo genuíno algo que nació por mera necesidad de transporte ante sus grandes desniveles. Es la firma y el sello de identidad que acompaña a una completa capital de majestuosos monumentos, cargados de recuerdos del que fue un gran imperio ultramarino, y románticos barrios resonantes de fados.
B. Iru Pérez Cabrera | 17 de Mayo de 2013